Los Desayunos TIC Talk analizan cómo los astrocitos, las “estrellas” ocultas del cerebro, pueden impulsar la inteligencia artificial
El CITIC de la Universidade da Coruña acogió este martes una nueva edición de los Desayunos TIC Talk, un espacio de divulgación y debate dedicado a la tecnología y la innovación. En esta ocasión, la investigadora Ana Ribas fue la encargada de impartir la charla titulada “But… what is an astrocyte?”, centrada en la conexión entre neurociencia e inteligencia artificial.
Las redes neuronales artificiales nacieron con el objetivo de comprender mejor el funcionamiento del cerebro. Tradicionalmente, la investigación se centró en las neuronas como elementos clave del sistema nervioso. Sin embargo, los avances en neurociencia demostraron que no eran las únicas células implicadas en el procesamiento de la información.
En particular, los astrocitos, células del cerebro que durante mucho tiempo se consideraron simples “ayudantes” de las neuronas, tienen en realidad un papel activo en el procesamiento de la información. En este modelo, no se limitan a dar soporte, sino que participan en la computación neuronal: regulan cómo se transmite la información entre una neurona que envía la señal (presináptica) y otra que la recibe (postsináptica). Al modular esa transmisión, influyen directamente en la intensidad, el ritmo y la eficacia de la comunicación neuronal, contribuyendo así a la dinámica con la que el cerebro procesa la información.
Gracias a la inspiración de este mecanismo biológico, cada vez más investigadores e investigadoras incorporan astrocitos artificiales en arquitecturas de aprendizaje profundo. Estos mecanismos funcionan como un sistema de “ajuste fino” del cerebro artificial. En lugar de cambiar la forma o la estructura de la red, lo que hacen es modificar la intensidad de las conexiones entre sus neuronas según la actividad que van teniendo. Es decir, si ciertas conexiones se usan mucho y dan buenos resultados, se refuerzan; si no son útiles, se debilitan.
Gracias a este ajuste continuo, la red puede adaptarse a nuevas situaciones y aprender de la experiencia sin necesidad de ser rediseñada por dentro. Es como si, en lugar de reconstruir una carretera, simplemente reguláramos el tráfico para que fluya mejor.
En diferentes pruebas y aplicaciones prácticas, este enfoque ha demostrado que los sistemas se vuelven más estables (menos propensos a fallar ante cambios o ruido) y también más eficaces en su rendimiento.
Durante la charla, Ana Ribas presentó el papel biológico de los astrocitos, lo conectó con principios fundamentales de la organización cerebral y expuso evidencias experimentales que ilustraron el potencial de los astrocitos artificiales en el desarrollo de nuevas soluciones en inteligencia artificial.